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miércoles, 16 de septiembre de 2009

LA ORGANERA

Zona Arqueológica "La Organera"


Rosa Ma. Reyna Robles

El sitio de la Organera-Xochipala es uno de los más representativos y 

mejor investigados entre los pertenecientes a la cultura arqueológica 

Mezcala. Los diversos materiales y datos asociados indican que el sitio 

estuvo habitado por individuos que detentaban el poder político, 

administrativo y religioso de una organización estatal.

 

Guerrero fue el crisol donde se fundieron numerosas y variadas culturas 

prehispánicas. A lo largo y ancho de su accidentado territorio se conservan 

innumerables vestigios arqueológicos de distinta naturaleza y antigüedad, 

muchos de ellos en sitios con características urbanas, como los de La 

Organera-Xochipala. 

A escala local, La Organera-Xochipala formó parte de un sistema de 

asentamientos con arquitectura de mampostería, distribuidos sobre los 

filos montañosos que se desprenden de la meseta de Xochipala, los que 

en conjunto conforman una “ciudad discontinua” de aproximadamente 200 ha. 

Su disposición estratégica obedeció a la necesidad de vigilar y a la vez dejar 

libre la mayor extensión de tierras cultivables de la meseta, conocida como 

El Llano, pues seguramente constituyó, y aún ahora constituye, “el granero 

de la sierra”. A escala regional es una de las zonas más representativas y 

mejor investigadas de la cultura arqueológica Mezcala, cuyos vestigios se han 

localizado en un área de más de 22 000 kilometros cuadrados que incluye la 

Tierra Caliente, las regiones central y norte de Guerrero y los límites con 

Michoacán, estado de México, Morelos y posiblemente Puebla. 

Esta zona arqueológica fue conocida y reportada a fines del siglo XIX por 

William Niven, un explorador de minas de origen escocés que recorrió gran 

parte del suelo guerrerense y llegó a interesase tanto en las “ruinas”, que 

realizó numerosas excavaciones y recobró varios cientos de objetos, entre 

ellos las pequeñas esculturas esquemáticas de piedra que varias décadas 

después se conocerían como de estilo Mezcala. Gracias a su amplitud de 

visión, su conocimiento de las rocas y minerales, sus notas, sus dibujos y 

fotografías, este singular personaje dejó el primer trabajo valioso para el 

conocimiento de la arqueología de Guerrero.

Hacia los treinta del siglo XX se desató una verdadera fiebre por coleccionar 

objetos arqueológicos. En Guerrero los más codiciados por sus cualidades 

estéticas fueron los de piedra con representaciones de templos y palacios, 

diversos animales y utensilios domésticos, pero sobre todo un grupo numeroso

 y heterogéneo en forma de cabezas, máscaras y personajes humanos de cuerpo 

entero. Miguel Covarrubias distinguió varios estilos entre las representaciones 

antropomorfas; a uno de ellos “de carácter puramente local e inequívoco” 

lo llamó de estilo Mezcala. El coleccionismo de estas piezas se incrementó 

en las décadas de 1960 y 1970, cuando en la localidad de Xochipala 

prácticamente todos los pobladores hicieron del saqueo una de sus actividades 

principales. Para obtenerlas se debieron destruir cientos de edificios, pues se 

calcula que hasta los años ochenta se sustrajeron más de veinte millares de 

estas piezas, las que se encuentran en colecciones particulares y museográficas 

de México y de varias partes del mundo.

 





















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